No resultaba como se dice comúnmente, "divertido", pero el viejito se acerco con suavidad y tocó su hombro, para saludarla, mientras giraba la cabeza a dos metros de distancia. La presentación era inútil pero amena. Continuó sin interés en la plática en la que ya se encontraba previamente sumergido y ellos lo escucharon un rato. No era relativo al resto y le importó poco, a ella.
Con un poco de nostalgia (escasa la verdad) se alejó de la voz del joven con canas, quizás algo más interesante a un par de pasos. Y el amigo, otro ente ameno. El olor, peculiar pero no extraño, se plagaba siendo humo por el aire, infiltrándose en cuanta nariz podía, alegrando a cuantos corazones lo querían.

$5 por aquello.
Hubo desorden y una puta en medio, como dejar caer un poco de polvo a una laguna cristalina, o alguna otra acción tan grotesca y sin gracia como esa.
La tristeza era poco de lo mucho que había, pero no dejó de tener presencia. La tristeza en su voz, sus palabras y el desprecio que dejaba entremezclar con ellas. No era para mas, ni para menos; no era mucho, pero fue una situación intermitentemente amena.
Al final ella me dió risa (regaló),aunque no lo merecía. Uno de los últimos días de solemne silencio.
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